¿Así se “ayuda” al pequeño comercio?

Lo que cuento a continuación, es cierto como la vida misma. Empecemos.

Hace quince días estuve con un cliente y amigo en su nueva tienda (tiene otras cinco), dedicada a la venta de artículos para el equipamiento del hogar. Tenía pensado abrirla dos meses antes, pero diversas “circunstancias” lo estaban retrasando (a fecha de hoy, ¡por fín! ya está operativa), y empezaba a estar “atacado de los nervios”.

tiendasSe acogió a la reglamentación sobre licencia express, y dado que su negocio no era “de riesgo” pensó que en un mes podría iniciar la actividad, una vez cerrado el contrato de alquiler, concretar las pequeñas reformas a realizar, hablar con los proveedores y diseñar la campaña de publicidad para el lanzamiento (enfocada a un municipio de unos 60.000 habitantes cercano a una gran urbe).

Todo parecía claro y se frotaba las manos pensando en las posibilidades de éxito que había analizado. Pero, cuando el arquitecto que contrató para que se hiciera cargo de las reformas (recuerdo que eran mínimas) contactó con el ayuntamiento, empezaron los problemas y el “alucine” (el dueño, todo hay que decirlo, tiene amplia experiencia en lo que a su actividad se refiere, y además le va muy bien):

Primero. En las ordenanzas del municipio en cuestión, las tiendas deben tener un WC a disposición del público en general: cualquier paisano que circule por la calle puede entrar y usar los baños, sin más y tal cual. Este “imprevisto” implicó tener que realizar diversas obras, habilitando un espacio para tal cuestión y separado de los servicios ya previstos para el personal. Ello le supuso tener que dedicar 10 m2 (de los 100 disponibles) para cumplir con su obligación de facilitar la felicidad de los viandantes. El costo que implicó, pueden suponerlo.

Segundo. Cuando fueron a pedir el alta en el servicio de aguas, le dicen que sin licencia de actividad no podían dársela. Pero dicho papel no estaría disponible hasta no realizar las reformas indicadas. De “express”, nada de nada.

figuraTercero. Tuvieron prevista la eventualidad de facilitar el acceso y tránsito para coches de personas minusválidas (por los pasillos interiores de la tienda), basándose en la amplia experiencia que tenían al respecto. Pues no. Había que ampliar los lugares de circulación, asegurando un mínimo de 1,5 m de giro en toda la tienda. Resultado: reforma de todo el proyecto y reducción de 8 m2 en la superficie de venta disponible. Si lo hubieran sabido con antelación, habrían optado por un local mayor, pues la norma -como es lógico- había que cumplirla. La cuestión es que en unos lugares u otros, el reglamento no siempre es el mismo, según explica el comerciante. Moraleja: no basarse en la experiencia.

Cuarto. Cuando todo lo anterior estaba resuelto, apareció una nueva sorpresa: había que aportar un plano donde estuvieran dibujados los diferentes productos (muebles, etc) que venderían. De nuevo, choque con el sentido de lo “express”.

Conclusiones: cada ayuntamiento tiene sus propias normas y hay que conocerlas ¡todas!, salvo que te encuentres con sorpresas de todo tipo. Algunas pueden tener su lógica, pero ¿no sería mejor disponer de un manual para facilitar las aperturas y la actividad emprendedora? ¿En qué consiste realmente facilitar las cosas, y lo express?

Además, ¿no deberían especificarse con mayor precisión, y unificarse los criterios entre las diferentes entidades públicas (la que establece la norma estatal y la que debe aplicarla a nivel local), para evitar costos que deberían preverse en inversiones de estas características? Y, los arquitectos, ¿no deberían estar informados y conocer donde se meten, antes y no después? ¿Cómo puede haber tanta diversidad entre unas ciudades y otras?

Por eso, cuando me reúno con representantes de -por ejemplo- una autonomía, para transmitir experiencias (que escuchan, con aparente interés) sobre cómo ayudar al pequeño comercio, y te dicen que sí, que están de acuerdo y que lo agradecen, … ¿saben de qué estábamos hablando?

lupaLa maraña de normativas y procedimientos que tenemos es un verdadero caos. ¿Hay interés de simplificar? Creo que, sinceramente, no entienden la cuestión de fondo. Y, aquí, incluyo también a algunos técnicos de las administraciones públicas, porque debe prevalecer el sentido común y el interés real por ayudar. O, … que el empresario curse estudios de “detective privado”.

Me he propuesto poner encima de la mesa más casos. Con mucho gusto atenderé cualquier experiencia que podáis trasladar.

Saludos a todas y todos.

 

#ciudadcomercioyturismo
#ciudadescompetitivas

 

3 thoughts on “¿Así se “ayuda” al pequeño comercio?”

  1. Lo primero felicitarte por la simplicidad con la que expresas las cosas, eso ayuda a entenderlas mas alla de los tecnicismos de relleno, siempre lo que escribes se entiende con una claridad cristalina, y no das ningun rodeo a lo que importa, y como siempre nos dejas pensando el porque todos vemos que esta mal y nadie hace nada por remediarlo. Felicidades

  2. He leído otra de sus publicaciones y como me resultó interesante, también intentaré seguir esta, que por lo que se aprecia resulta instructiva. No soy empresario pero tengo en la familia quien tiene negocio, y coincido en que las subvenciones acaban haciendo daño si no se hacen bien las cosas. Gracias

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